domingo, 10 de julio de 2016

AQUELLOS REMEDIOS CASEROS



Lean bien por favor: CASEROS y no me vayan a salir que no incluí las inyecciones de meao de perro, las pastillas de tiza molía, o los ungüentos de tierra con mentol porque el título habla por sí solo. Ahora parecerá increíble pero en un tiempo fue cierto y hasta funcionaba algunas veces. Que el bebé tenía hipo? Se le ponía un hilito, mojao de saliva, en su arrugada frentecita, y santo remedio. Si ese mismo bebé u otro tenía pujo, eso era porque lo había estado visitando alguien que acababa de tener coito. El remedio era poner al niño en el suelo y caminarlo en cruz un par de veces. Que alguien le dolía el oído? Vuelta al algodón empápelo en leche materna y colóqueselo en la cavidad auditiva durante un rato. Listo. Para el dolor de cabeza hojas de matarratón frescas y colocadas bajo un sombrero o gorra. El horrible dolor de muelas sí que tenía ensayos; pero lo efectivamente comprobado era un algodón ( y dale con el algodón ) empapado en creosota y colocado en la caries. Daban también algún resultado el clavito de comer, el ácido fénico,( este cayó en desuso porque algunas chicas se suicidaron con él ) y la esencia de clavos. Las inflamaciones de cualquier tipo eran curadas con cataplasmas de muchas plantas - y asómbrense Uds – hasta de boñiga de vaca. La caspa,  la seborrea y hasta el pelo “cucú” tenían en la corteza del guásimo su mejor aliado .Otro mal que dio siempre mucho que hacer fue el posterior y eufemistamente llamado acné juvenil y que en aquel tiempo se le llamaba simplemente espinillas y no era potestativo de los jóvenes porque había muchos viejos con la cara como un anón. Eso sí fue sufrimiento de hombres y mujeres que ensayaron todo desde la masa para las arepas hasta la más sofisticada crema, hasta cuando empezó a verse algún resultado positivo en –quién lo creyera- la cera del oído aplicada en las porquerías esas. Finalmente el Dr Pachito Lugo primer médico homeópata que hubo en Barranquilla en la calle 37 carrera 29, les hizo ver a tanto cabeciduro que esos barros y espinillas no eran cosa cutánea sino estomacal y empezó a fabricar, recetar y vender la levadura de cerveza que fue milagrosa. Los malestares estomacales se curaban con almidón –sí ese de las cometas- polvo disuelto en medio vaso de agua y una pizca de sal. El limón era milagroso ya que servía para infinidad de cosas desde cortadas y raspones y magulladuras hasta en  irritación en los ojos pasando por mal olor en las partes púdicas. Cuando se producían comezón o rasquiña en medio de los dedos, más producto de la pecueca que de cualquier otra cosa,  se utilizaba leche de coco y a veces matarratón molío, tibio y friccionado. Entre paréntesis, no nos digamos mentiras: a Ud, a mí, a todos cuando éramos pelaos nos gustaba andar descalzo y si no lo hacíamos por gusto era a la brava porque el veintiúnico parcito de zapatos había que cuidarlos y el que usaba chancleticas era llamado marica, cosa que no importaría hoy en los tiempos de Gaviria, pero que en aquel entonces era horroroso, por lo cual andábamos con las rodillas, tobillos, talones y demás, heridos y nos los curaban a lo burro, con limón, vinagre, yodo, y cualquier polvo que se les ocurriera pero que ardía como el carajo. Había otro remedio para esos casos que llamaban “manito de Dios” y que no era más que una mezcla de aceite de cocina, alcanfor y azufre. También existía el insólito procedimiento de aplicar queso frito en las picaduras de insectos, que según no sólo aplacaban el dolor sino que combatían la posible infección. Había igualmente cantidad de yerbas, semillas, y hasta trocitos de árboles que cocidos o rayados, servían para muchas cosas. Las llamadas tomas estaban a la orden del día: el pitomorreal, el llantén útiles en afecciones auditivas, la manzanilla, la llamada cola de caballo, el romero para el cuidado del cabello y para tinturarlo de rubio, y la quina efectivísima para la fiebre. El bicarbonato para muchísimas cosas, desde la mala digestión hasta el grajo, pasando por la limpieza de dientes y que llegó al hall de la fama cuando la mismísima Compañía Colgate Palmolive lo introdujo entre los componentes de sus famosas cremas dentales. Y qué decir del permanganato sustancia que diluída en agua tibia era un antiséptico de alto poder cuyos mayores índices de venta estaban entre “las niñas” que ocupaban piecitas en el barrio Chino. En fin, tantas cosas de las cuales se obtenía hierro para los anémicos, y calcio para los debiluchos, pero quiero cerrar con el cicatrizante más berracamente doloroso que hasta aparece soterrado en un disco famoso. Me refiero al piedralipe que sanaba lo que ningún otro remedio había podido sanar; pero a qué precio: al precio de un dolor tan intenso que provocaba correr en lo posible. Tanto que ( y seguro estoy que es la primera vez que lo oyen ) fue el causante de que el pobre Migue se recluyera en una montaña pues sucedió que el señor Canales tenía una “ñoma” de burro en el “ñango” que nada se la curaba hasta que alguien le recomendó piedralipe, se lo aplicaron y el pobre Migue salió gritando y en carrera limpia para refugiarse en la montaña prefiriendo convertirse en ermitaño antes que volver a saber del piedralipe. Rigurosamente cierto, contado por el autor del tema musical a su primo Julio Oñate y a este servidor. Bueno y ahora Uds denle rienda suelta a su stock de remedios, pero caseros, nada de Mejoral ni de Aceite de ricino ni de Leche de Magnesia. Adelante pues.

lunes, 4 de julio de 2016

ELY MÉNDEZ: APARECIÓ TARDE EN LA BILLOS


Desde los tiempos de Miguelito Briceño y Rafa Galindo hasta los de Felipe Pirela y José Luis Rodríguez, el nombre de Billo Frómeta se hizo respetar en su condición de forjador de figuras unida a sus otros muchos méritos. No obstante después de la desvinculación de José Luis las cosas ya no fueron como antes. Entre aquel 67 y aquel 69 después de vanos intentos con Humberto Zárraga, Araque y hasta Nelson Henríquez, Billo que nunca fue partidario de repetir cantantes tuvo que entrar por la vela de sebo de permitir la tercera llegada a su orquesta del “Trovador” Galindo y cumpliéndose lo de repeticiones no buenas, porque el trovador no pudo reafirmar su clase de los años 50s. Así pues en Diciembre del 71 los grandes almacenes exhibían debidamente empacado para regalo, un álbum musical cuya original carátula era un atractivo calendario para 1972 en el que se recomendaba para Enero aquel “Viejo chévere” que añoraba pasados tiempos. Y para cerrar semestre nos anotaba en la parte correspondiente a Junio un tema con el que se aspiraba superar el éxito de “Mi Cali bella”, dedicándole una canción a la hermosa capital de la Montaña. Y cuando uno buscaba en la contracarátula mayor información sobre los números musicales, allí a mitad de la misma, una foto muy oscura en la que o no aparecía el debutante en aquel prensaje que hizo Discos Bambuco de Bogotá, o no se distinguía .Sólo se podía leer una nota cortica, simplona, a mi juicio muy pobre para presentar un nuevo cantante cuyo texto se limitaba a: “ Billos Caracas Boys les trae una nueva voz: ELY MÉNDEZ. Por favor pongan atención a sus interpretaciones: voz fresca, joven, matizada y potente. Billo no se equivoca en esto. Acuérdense de Pirela y José Luis. Saludos Ely, bienvenido” .Eso era todo, y dos intervenciones del muchacho cantante: “Por qué” un bolero de Román Martínez y su partecita del mosaico 29 en la que cantó “Nocturnal” de Sabre Marroquín; pero el hombre tenía. Vaya si tenía! A pesar de esa letra boba del bolero de Martínez: “ por qué al amanecer/ veo brillar el sol / por qué al anochecer/ la luna veo mejor/”…el cantante lograba lucirse y se podía notar que podía “quiñar” con José Luis y con Pirela inclusive con alguna ventaja, apreciación que confirmaba Ely cantando esa difícil página de Sabre M. “ A través de las palmas/ que duermen tranquilas/ la luna de plata se arrulla/ en el maaaar tropical/…. Efectivamente se estaba ante un magnífico vocalista, pero…había un gran pero: el bolero se estaba muriendo; más aún: era un enfermo en estado de coma hacía buen tiempo y su vida artificial era por facultativos como Billo que no daban su brazo a torcer con el concurso de “galenos” jóvenes como Ely Méndez en esfuerzos sobrehumanos por salvarlo de lo inevitable; pero  Méndez no iba a poder salvarlo y los pronósticos pesimistas ya no encontraban más que el suspiro de resignación de sus deudos más queridos; pero tampoco fue que la demora de Ely causó aquella debalcle porque si bien es cierto que aquella pobre nota de presentación decía que “Billo no se equivocaba, en el caso de Méndez sí se equivocó algunas tácticas. Por ejemplo: el debut de Pirela fue con un par de canciones viejas exitosas con perfume de añoranza en sus textos: “Para qué recordar” y “Por la vuelta”, y aunque el ambiente era propicio Billo no hizo ensayos con nuevas canciones. Igual sucedió con José Luis Rodríguez que debutó con dos viejos y exitosos temas. A Méndez en cambio se le lanzó con algo desconocido de Román Martínez cuya letra no era para triunfar nadie y se le dio la segunda participación en el volumen con una canción difícil casi lírica que pudo haberse cambiado por otra más acorde con el estilo del bolerista Méndez. Después siguió igual la cosa y se metió a Ely en unas honduras como las de “Ahora que soy libre”, que tenía un antecedente muy brillante en balada y con la canción “ Por qué ahora” hermosa, pero que tenía dos o tres competencias modernas muy difíciles de superar. Al año de actuaciones sin que pasara nada con él en la Billos aparece en el LP Billo 72 y medio y en forma inexplicable sale cantando “Qué haré” como una desesperada exclamación, una canción tan desconocida como su autor puesto que hubo que imprimir en etiqueta D.R.A. En ese volumen su parte en el mosaico 31 fue “Viajera” la eterna canción de Luis Arcaraz a la que después de su autor e intérprete del 51, nadie quería medírsele porque sabían que era imposible superar la versión de Arcaraz con su orquesta. Pero los mosaicos eran cosas aparte y tal vez eso fue lo único que justificó “la chamba” de Ely en la organización ya que aparte del bajón del bolero la gente gustaba de rendirle tributo en esos ritos rítmicos que eran los mosaicos de la Billos. El tiempo pasó, y 10 años más tarde Méndez se mete al ritmo tropical interpretando “El pasito tun tun” y un fabuloso arreglo que hizo Billo al viejo merengue de Baltodano “Embrujo”. Y así ocurrieron cosas que quedan para  una próxima entrega porque Méndez continuó llegando tarde como cuando ya muerto Billo quiso hacer él solo, sin patrón ni nada, la continuación de la Billos Caracas Boys y le salió al paso Amable con sus cabezones que le armó la grande mientras tanto Voces de Billo Hoy lo supo hacer mejor y los arrinconó a ambos. Pero sí, ya termino. Una pa’ Ely: tiene el record de permanencia en una orquesta porque ahí está bien o mal, no sé, pero está, y lleva la pendejadita de 42 años de antigüedad con el rótulo Billos, aunque repito al menos en Colombia lo barrieron los chicos de Voces de Billo Hoy.



martes, 28 de junio de 2016

LAS RARAS FRUTAS DE NUESTRA INFANCIA



No dejó de causarme asombro que los niños, y hasta adultos de hoy, no saquen el mismo provecho de las frutas que en tiempos pasados. Y esto se debe a que el niño de ahora come mucha golosina( caramelos, bolitas, chitos, manimotos, helados, chichas etc).Y esto a su vez pasa porque muchas frutas han desaparecido, otras se vuelven dizque jugos y poquísima gente se come en el verdadero sentido del verbo, una fruta, excepción de uno que otro mango de puerco, de hilaza o de otra baja calidad. Ya los zapotes y los nísperos son artículos que transformados en “refrescos” venden en puestos especializados y a precio prohibitivo. También se dan el lujo de “importar” vainas como el tal borojó del Valle, y que en el pasado nadie conoció. Ni falta que hacía, como cuando nos quisieron meter por supositorio las brevas y los icacos bogotanos, paliduchos y que no sabían a ná. Sí. Por ahí ve Ud aguacates, pero ya es cosa más de supermercado y los venden por libras, lo mismo que la patilla y el melón, y cobran un cojonal por uno de ellos, o de piña y uno muerto de las ganas de comerse una torrejita. Y ponen nombres raros como a los mangos que llaman “filipinos”; no sé quién carajo va a entrarle a ese cuento. Naranja y toronja caen en la misma bolsa y materia de las carretillas quedan las ciruelas cuando las hay y caras como el carajo en relación con tiempos idos que cobraban cuatro y daban una docena. En cambio dígame Ud si encuentra martillo, camajourú o pomarrosa en alguna parte? Ah, las frutas de nuestras infancias!  Se zampaba uno un mango de chancleta o huevo e’ toro y quedaba listo. Hoy muchos de Uds ni conocen el mango de chancleta, y menos el otro. El martillo, una especie de regadera de mínimo 20 cms de diámetro con muchas celdillas que cubrían unas fruticas sabrosas fáciles de sacar y de comer, pues no había que asar, como las del marañón, o el camajourú ya que eran una variedad exquisitas de almendras diferentes a las del parque que llevaba su nombre. Éstas, las del parque, en un comienzo se les devoraba la pulpa y luego la “pepa pelá” .Se partía, se sacaba una especie de coquito que llevaba adentro y que resultó siendo más sabroso que la propia fruta. Volviendo a las del camajourú porque los veo todavía tirando cabeza, era producto de una planta indígena que daba una especie de bolsitas dentro de las cuales había semillas ovaladas lisas y negritas, que partieron más de un diente, porque había que ablandarlas al fuego. Ahora cuénteme del mamey, primo hermano del zapote pero de carne amarillenta y sabor más bien ácido. Acaso lo consigue hoy Ud por alguna parte? La cañandonga y la guamas sendas réplicas de espadas cortas, una negra y morada( dos especies ) y la otra color tierra , pero mientras las primeras eran gran fuente de proteínas ( con ella se fabricó el “Minevitan”) la guama contenía unas pepas algodonosas con pelitos, blanduzcas e insípidas que se metía uno en la boca y ya quedaba limpiecita; de ahí el dicho para el que no tenía plata: “más pelao que pepa de guama”. Ah, también el caimito, esfera morado oscuro casi del tamaño de una naranja que al partirse mostraba enseguida su pulpa púrpura y deliciosa. Las uvas ( parra, playa y moscatel) que no tenían nada que ver con las importadas que ahora se comen como agüero de año nuevo. Aquellas eran materia prima de famosos vinos y hasta de whiskys, notándose que todavía alguna gente llama al “Old Parr” con el absurdo y sin gracia nombre de “viejo Parra”, cuando la traducción del whiskey hace referencia es a los viejos parrales de la hoy renegada Inglaterra. Claro, muy distintos, pero parras también. Las nuestras no tenían problema para los pelaos que las cogían de los palos y ahí mismo les daban muela cortando con sus dientes de leche la suave piel morado azuloso y gozando el placer de su exquisito sabor. Y tampoco da fe de las peritas de patio? Unas fruticas con su forma de peras en miniaturas pero de color rosado “jipato”, cuyo sabor tampoco era la gran vaina, pero se adquirían sin trabajo y se comían fácilmente.  Y así el anón, la guinda que igual se comía verde o madura, lo que hacía creer que eran dos clases, pero no, era la misma, la grosella , con un sabor agrio muy parecido, la pitahaya y la granada que dependían de sus semillitas pues no tenían pulpa abundante ni sabrosa y que muchos tal vez por ello dieron en llamar granadilla. El mamón, conseguible todavía en cosecha y eso con dificultad. El coco, común todavía, en agua, que ya llegaron a lo químico de la  gaseosa, y fruta siempre camellada, que antaño se aprovechaba también en su pulpa viche o seca, los carruzos de caña, y tal vez otras pero ya está muy largo el asunto. Queremos remachar el punto final es indicándoles que TODAS estas frutas citadas se podían conseguir en cualquier patio de casa y hasta en las puertas y esquinas de las mismas. Y tal vez los mismos pelaos de entonces contribuyeron a su lenta extinción porque levantaban a piedra a los palos y los vecinos se fueron absteniendo de cultivar árboles frutales. Un dulce recuerdo para todos los amigos.

miércoles, 22 de junio de 2016

RESPUESTA A UNA VIEJA CARTA


… en cambio yo considero  que debes sentirte feliz por todas las cosas buenas que puedes disfrutar en ese país donde vives, minimizando la nostalgia del terruño y el recuerdo de los tiempos en que todo era mejor. A tí te cabe aquello de: “ ojos que no ven…” porque tu corazón sufriría  mucho más al poder apreciar en lo que han quedado tantos recuerdos, tradiciones y lugares comunes. Y no es que quiera despotricar de la actualidad, sagrada para todos a quienes les pertenece, sino que me disgusta al compararla  con lo que acontecía en aquellos tiempos. Y para qué te cuento las “cabreadas” que me pego a diario por distintos motivos .Para muestra: la hija menor de un vecino, una pelaíta de sólo doce años, no quiere ir a hacer un mandao, y eso que la tienda le queda a unos cuantos metros. La hermana mayor se enojó y hubo pelotera generalizada. Te acuerdas cuando nosotros éramos pelaos? Los mandaos eran una obligación seria en lo que a aceptarla y cumplirla se refería, y había que levantarse a las cinco de la mañana a buscar la leche de potrero donde la señora gorda aquella que tenía una vaca de patio llamada “ Mariposa”, entonces no había la ganga de comprar leche refrigerada en las horas de la noche ni el pan con auto servicio, por lo cual uno tenía que estar en pie con las gallinas y con los soldados del Batallón La Popa porque había también que ir a buscar las arepas donde la niña Eladia o los bollos limpios donde la “Mona” Pernett. Y  ni domingos ni feriados descansaba uno porque esos días era peor: el papá o el hermano mayor estaban “enguayabados” y se les antojaba chuleticas o huevos con tocino y había que arrempujársela a pie hasta la matanza clandestina del tuerto Bornacelly, mucho antes que el negro Adán fuera líder del negocio; y todo era lejos, oíste, porque en la tienda del viejo Custodio, que nos quedaba más cerca, lo que vendían era guayaba del palo de la casa, arropilla y guarapito del colorao. Y no es que uno no se cabreara, porque íbamos corriéndole la madre a la vida y renegando de la condenada suerte, pero nadie se atrevía a decir que no. La disciplina hogareña de aquellos tiempos no lo admitía y eso fue una especie de servicio militar que nos hizo adquirir la dosis de resignación necesaria ante tanta estupidez como la que tendríamos que ver después. Ejemplo: la del deportivo de la televisión que en un evento celebrado en Acapulco, en el estadio había una banderola que decía GUERRERO y el tipo con cara de bobo preguntaba cada rato: “ quién será ese señor ah,” .Bueno él diría que las estrellas de T.V. sobre todo  las deportivas  no tienen por qué saber que Acapulco queda precisamente en el Estado de Guerrero, México. Los pantalones cortos, realmente me sorprende, porque en el país donde tú vives hace mucho nos mandaron junto con otra sarta de vainas esa que no es más que calzoncillos , sólo que en distinta tela, con franjas a los costados o leyendas en el poto y que hace ya mucho tiempo lucen montones de piernipeludos o tolillos pelaos por ahí. Es que ahora la vaina es al revés porque mi bisnietecito que solo tiene dos años, ni de vainas que quiera salir en calzoncillos, mientras que un vicario otra vez les digo que “cucho” es cachaco, que tiene las piernas como el “curvo” Harris ( te acuerdas, aquel primera base panameño que trajo el ARMCO )anda siempre mostrando los palos de escoba que tiene por extremidades. Me dices también que me escribes a mano y que mi respuesta sea igual, recordándome un detalle emotivo: que todavía conservas aquella carta que le hice a Clarita y que cometí la maricada de mandarla contigo, midiendo tú uno con ochenta y yo uno  con sesenta y cinco; eso sí ignorando que tú estabas tragado de ella; pero me acuerdo también que te jodiste porque Clarita que no le gustaba el basquetball aceptó fue al pequeñín de “Ñaño” Sánchez que era pelotero. El caso es que nadie hoy escribe a mano hombre, casi que ni a máquina, el computador ha acabado con todo eso y por ahí muy de vez en cuando se recibe la carta mecanografiada de un abogado que recuerda que alguien no ha pagado las dos últimas cuotas de cualquier vaina, o la  de la casera diciendo que “el pago es adelantado  y a fecha 3, todavía no se ha cancelado el mes en curso”. En ese aspecto sí me he contagiado con lo moderno porque no escribo nada a mano desde que el Banco me canceló la cuenta por bajo promedio y lo único que yo hacía manuscrito eran cheques generalmente posdatados. También pides que recordemos nuestra época de bancarios. Cómo olvidarla, si esos “cobradiario” disimulados y con nombres elegantes, cada vez están peores en servicios y cobran hasta la mirada a los cajeros(as) malucos que tienen .Igualito a entonces cuando en nuestro Banco trabajaron una candidata a señorita Atlántico, una ex reina del Carnaval y una Reina del Mar .Y los programas de radio? Vaya si es emocionante recordarlos. El que mencionas y también “CONTRAESPIONAJE” que fue primero que “EL CAPITÁN SILVER” y muy anterior a “OJO DE ÁGUILA”. Finalmente, eso de “la radio actual ya que formas parte de ella” no lo puedo contestar por razones comprensibles .En otra ocasión te escribiré sobre eso porque recuerda que no me gusta escribir a mano y ya es tiempo de terminar. Y en cuanto a que antes había más madurez…seguro! Hoy somos tan maduros que no nos dejamos llevar por pendejadas como coleccionar tapas o envases a ver si conseguimos el carro que no hemos logrado tener camellando. Maricadas esas. Bueno hermano te dejo porque uno de mis nietos adolescentes entró muy contento .Con suerte es que le salió la otra mitad del micro ondas, porque la otra parte me salió a mí la semana pasada.

Afectísimo amigo.

jueves, 16 de junio de 2016

…Y ERA EN VERDAD FELIPE PIRELA



Era realmente el que llegaría a ser llamado “el bolerista  de América” y si lo era qué hacía en Barranquilla aquella mañana y en una tienda de media cuchara en el Barrio San Roque?  Ni siquiera pudimos preguntárselo ya que lo que menos podría interesarnos era lo que el cantante hiciese o dejase de hacer en su vida privada. Ere el domingo 18 de Marzo de 1962.Todavía en aquel año nos quedaba algo de la impresión absurda que el tiempo corría más lento y por lo tanto el puente nos parecía más prolongado. Sí, porque aunque en aquellos tiempos no existían todavía los acomodaticios puentes gubernamentales, cuando el feriado caía en lunes, sin trampa, se le llamaba también “puente” o fin de semana largo. Muy temprano nos encontramos con los locutores Alberto Navarro y David Cermeño Martínez con quienes después de misa enrumbamos Hospital abajo hasta llegar a la calle San Roque (31) que ya dije que no iba mencionar más calles por los viejos nombres. Cruzando a la derecha llegamos a la cra 32 para luego otro cruce y llegar a la 30, en cuya esquina Sur Oriental, una tienda llamada “La Cátedra”, nos instalamos. Cuando apenas los feligreses de la Misa de 8 regresaban, ya nosotros teníamos cada uno su “fría” en la mano y varios discos programados. Para entonces Felipe Pirela había metido en el mercado nacional unos dos o tres volúmenes entre los cuales gustaba mucho un bolero de Adolfo Salas titulado “Pobre del Pobre”; sin embargo como ya quedó dicho nosotros no habíamos ido a escuchar a Pirela sino a darnos gusto con La Sonora, Los Panchos, Matamoros, y Olimpo Cárdenas según las preferencias de cada quien. Hay que tener en cuenta que en esa mañana Pirela no era un ídolo todavía y los temas de Cortijo y Tito Rodríguez no le dejaban mucho radio de acción. Cuando se tienen menos de 28 años uno puede hacer cualquier barbaridad con el organismo como meter cervezas, almorzar con un pedazo de salchichón viejo y comer una tajada de queso nadando en jugo de limón, un sabor horrible pero que entonces nos sabía a Gloria. Los dos mosaicos que conocíamos de la nueva Billos nos gustaban en las versiones que Felipe hacía de “preciosa niña quisiera como en los cuentos de hadas” o de aquella otra “ si pensaba en tí para mí no era vida”… pero si podíamos escucharlas en sus versiones originales con La Casino de La Playa, no tenía caso preferir al venezolano pues ya he dicho dos veces que habíamos ido a escuchar MÚSICA VIEJA. La verdad es que ninguno pensaba en eso cuando por ahí a las 11 de la mañana Cermeño le dijo al tendero que le prestara el baño. El tipo le señaló el rincón donde una cortina sucia tapaba algo, pero resulta que al colega le había apremiado una necesidad que requería algo más que lo que tapaba aquella cortina sucia. Como el cliente manda, a regañadientes y todo, el hombre levantó la aldaba abrió la portezuela y David pasó casi corriendo hacia el interior de la casa. Cuando regresó vino con un vacilón raro: “ eche, allá hay un tipo igualito a Felipe Pirela” .Nosotros no le paramos bola porque en domingo, víspera de feriado, oyendo buena música y “candeleao”como decía el “Mono Rojas” ninguna importancia le hallábamos a que un cristiano se pareciese a alguien, que en fin de cuentas un d.. se parece a otro; sin embargo cuando a eso de una de la tarde yo pedía un poco de picante para sazonar el suculento almuerzo de salchichón con galletas de soda, el tendero habló algo al interior y un tipo se acercó con el frasquito de Tobasco. Cuando abrió la cortina yo vi al muchacho sentado en una especie de mecedora y que estaba en aquel momento leyendo un periódico. El asombroso parecido con el cantante de la Billo era notorio y yo todavía no sé por qué, pero lógicamente “mamando gallo” le grité: “Hey tú Felipe Pirela, ven acá”. Desde luego yo no esperaba que el tipo fuese Felipe sino alguien muy parecido y lo pensaba vacilar cuando se acercara, cosa de la que no hizo ningún ademán, repitiendo yo mi llamado y entonces sí se acercó al mostrador. Cuando me dijo: “Qüibo vale, mucho gusto.” Yo pensaba que me había salido General y que el vacilado iba a ser yo, pero no: para mi asombro ERA FELIPE PIRELA que me tendía su mano y unos instantes después yo pedía una cerveza para Felipe. La aceptó y charlamos el tiempo que duró en ingerirla. Nos ayudó mucho eso sí, el ser locutores y poderle hablar de sus discos, de los antecedentes de sus piezas, de su acogida en esta ciudad y para sorpresa nuestra, él no sabía todavía todo el alcance de su popularidad en Barranquilla. Era un muchacho humilde, casi tímido que en el poco rato que nos acompañó nos dijo más de dos veces que “era un placer departir con gente de la radio acá”. Cuando puso la botella sobre el mostrador detrás del cual no salió en ningún momento, le brindamos otra pero la rechazó amablemente explicando que tenía que salir porque andaba en unas diligencias personales aprovechando aquel puente y que iba con un amigo y compatriota residente allí a “hacer unos encargos”. Después al enterarnos que en el interior de aquella tienda habían piezas de alquiler supusimos que ahí vivía un venezolano a quien el cantante visitó. Lo importante fue que lo vimos, que charlamos con él y que compartimos una cerveza, y si le dijese que entonces no le dimos toda la importancia, Ud debe entender que la rutilante carrera de Felipe comenzaba, y que si dos años después era un astro, aquella mañana era solo un muchacho venezolano cuya aparición allí no nos pareció tan misteriosa como nos pareció después toda una vida. Misteriosas y gratas como en realidad fueron siempre las cosas del gran artista a quien quisimos recordar con motivo de cumplirse el próximo 2 de Julio 44 años de su muerte y porque recordamos que Saul y Ernesto tienen en Voces de Billo hoy, un cantante, Jorge Velásquez, a quien llaman “la resurrección de Pirela”, quien con su voz y estilo mantiene todavía tantos pasajes vividos propiciados por el artista venezolano y que la magnífica orquesta al acompañarlo, hace que volvamos a estar como en aquella lejana mañana del 62, pidiendo una cerveza para Felipe.

lunes, 13 de junio de 2016

EL PRIMER CACHACO TRIUNFADOR EN EL VALLENATO


Mejor sería decir que fue el primer rey vallenato cachaco aunque no recibió título oficial ni ciñó corona alguna porque eso entonces no era ni sueño; pero si reinar es ejercer dominio sobre las masas y establecer records de venta de la mercancía que parecía ser potestativa del Magdalena pa’entro, entonces sí que lo fue. Porque vender un solo artista el 10% del total de discos de un país es más que una hazaña. En aquel 50 era más fácil la contabilización del producto porque solo se vendían discos de 78. Además en aquellos tiempos no había posibilidad de elección y el comprador adquiría el producto solo cuando era excepcionalmente bueno, si no, se abstenía de comprarlo. Ahora qué tal vender uno de cada tres discos producidos en Colombia? Pues todo eso lo logró un hombre, un artista colombiano, JULIO TORRES MAYORGA al frente de un conjunto, Los Alegres Vallenatos, que no sólo estuvo en los cancioneros de entonces sino que logró “tapa” en una publicación tan famosa como SEMANA que se ocupó de ellos el Sábado 30 de Diciembre de 1950 que aparte de la portada comentaban que “el disco más tocado del fin de año era un sello Vergara “Los Camarones” con respaldo de “El aguacero”. La voz de tenor que los canta y la guitarra son de Julio Torres M. su autor”.  Pero la  revista no podía prever que aquello iría más lejos convirtiéndolo en el futuro en episodio histórico de una modalidad musical que iba a dar mucho de qué hablar. Quienes vivieron el vallenato posterior y se hacían lenguas de su difusión y ventas no vivieron seguro aquellos tiempos ya que quien haya estado metido toda la vida en el asunto, debe saber que rebulicio mayor ya se había presentado y por ello Julio Torres es el más importante ejemplo. Porque no fue hazaña que algunos costeños pusieran a bailar el vallenato a un buen número de cachacos. Hazaña fue que un conjunto cachaco hubiera hecho bailar a la costa y resto del país, vallenato hecho por cachacos. Eso fue lo que hizo Torres en unos pocos meses y aumenta de méritos cuando se analiza que el inmortal Guillermo Buitrago no tenía un año de  muerto y sus discos seguían pegando en todas partes. Julio Torres tenía 20 años cuando un jilguero celestial se posó en la Sierra Nevada buscando a Guillermo Buitrago para llevárselo como solista para ir a cantarle al gran Dios. El muchacho tenía inclinaciones musicales pues su padre y homónimo el viejo Julio, además de pianista había hecho teatro y fue maestro de Sofía Álvarez la primera gran vedette colombiana que se consagró en el cine mexicano. Tenía también un hermano, Carlos, artistazo en México primero locutando y luego cantando, para después venir de paso  a Barranquilla y triunfar con la gran orquesta del maestro Pacho Galán del    que ha sido su más grande intérprete en la época dorada del merecumbé. Julio no podía hacer quedar mal a la familia y se le ocurrió la pendejadita de ser el sucesor de Buitrago. Ni para qué decir lo que se rieron de él. Pero lo logró. Cuando la muerte de Buitrago primero y el destierro de Bovea después, dejaron el título vacante fue entonces cuando el cachaco ganó ante el asombro de todos, que no tuvieron más que decir:”el Rey ha muerto, viva el Rey” .Le costó mucho trabajo, obviamente y porque además él hizo un tema titulado “Los camarones” en el que utiliza parte del estribillo de una anónima copla tolimense:  “ Camarón de mi vida los chirriquitico, zambullidores que andan por debajo del agua”. Pero aunque quisieron no la pudieron descalificar porque él la compuso realmente inspirado en el apretujamiento de un bus bogotano que lo lanzó contra un señor que iba leyendo los titulares del triunfo de Miriam Sojo la barranquillera reina de belleza del 49: “camarón salió/ allá en Cartagena/ a ver a la bella /Miriam Sojo ( que es la reina).Pero Julio no estaba contento pues sabía que debía dar un golpe mejor y una noche vino el éxito. Julio fumaba escondido porque su abuela Berenice no lo dejaba, y esa noche se quedó sin cigarrillos y sin chance de pedirle a la abuela, decidió salir a buscarlos. Era Octubre y al regreso se mandó el aguacero .Julio tocaba duro la puerta pero el ruido de los truenos y el sueño pesado de la  abuela impedía que le abrieran. Y ahí mismo, porque artista es artista, salió la canción que le dio el campeonato: “el aguacero que me está cayendo/ negrita linda ya me tiene loco/ con este frío que me está matando y el aguardiente queda ya muy poco.” Para entonces Julio Torres Mayorga, ni siquiera conocía el mar, y sin embargo se convirtió en el cantor por excelencia, de esos ritmos para lo que empleaba además de la temática acostumbrada, y copiando algo de Buitrago que lo había hecho tres años antes de aquel momento, y 40 anteriores al samario Carlos Vives, bongó, trompeta, clarinete, güiro, bajo, percusión y flauta, acompañado por los hermanos Morales Hommo y Custodio, José Mejía, Jorge Rojas, y Eliseo Márquez. En la foto que ilustra este trabajo Torres es el cuarto de derecha a izquierda, con su guitarra, al lado del fuelle. Después defendió brillantemente el título grabando “Me voy a Plato”, “ Mi canoa”, “ La colegiala”, “ Tu carta”, “El sancocho”, “La totuma” y otros, temas todos de su inspiración paseándose exitosamente por el país con su reciente éxito “Pomponio” interpretando los temas de Guillo Buitrago por quien siempre sintió adoración e imponiendo aquel merengue inolvidable: “Mi aguinaldo”. Finalmente la grandeza de Torres es tal que le devuelve al acordeón su importancia desplazado por el Rey Buitrago y por Bovea excelentes punteros de guitarras, inimitables. Cosa que habían intentado sin éxito muchos nombres  ilustres. Se dirá que lo hizo porque Buitrago había muerto y Bovea había dejado el país; pero…por qué no otro sino precisamente él? Porque Julio Torres entendió que lo de menos es con qué se toque sino lo que se toque, y de tal suerte él no se limitó a seguir letras sino que hizo sus canciones, llevó el comando con la guitarra y supo instruir a su fuelle Jorge Rojas para triunfar donde otros quedaron tendidos. Los hombres pasan pero sus realizaciones a veces los convierten en leyendas eternas como el misterioso, casi macabro caso de Julio Torres que solo duró un año triunfando y cuando recibió el trofeo, decidió irse a Cartagena a conocerla y a ver por vez primera el mar que tanto amó, el agua a la que tantas veces cantó. Un absurdo accidente, un estúpido resbalón en cubierta, y el mar se lo llevó para siempre. Aunque solo fuera por eso Julio Torres es un artista inmortal.

jueves, 9 de junio de 2016

MIGUEL ACEVES MEJÍA ANTES DE SER FALSETE DE ORO LA ROSITA(CHICHUACHA) 1915-MÉXICO D.F. 2006.


Ya era llamado así cuando aquella lejana tarde de Junio del 62 mi compañero de entonces el hoy finado Fernando Montilla, mencionaba contrariado por Emisoras Unidas: “no llegó el falsete de oro”. Miguel no pudo abordar aquel avión dejándonos con los crespos hechos y obligándonos a madrugar para irlo a esperar de nuevo el siguiente día. Ya aquí, en la oficina de Dirección se comentaba sobre la fortaleza del tequila. Montilla les decía que no le veía la cara a un ron nuestro que era tan teso que entre otros nombres tenía el de “ron trompá”. Miguel quiso probarlo y a fe que lo paladeó dejándonos con la duda porque no lo descalificó pero tampoco ponderó las supuestas calidades que le atribuían los que íbamos a transmitir su espectáculo. Y digo “transmitir” porque eso fue lo que hicimos aquella noche Edgardo de Castro, Felo y yo, pues Miguel trajo su presentador de cabecera y nunca mejor empleado el término porque era que cabeceaba aquel mexicano cuyo nombre en verdad no supe nunca, y que parecía ser él la estrella tal era la vitrina que se daba. El Estadio Municipal fue escenario de lo que hizo Aceves esa noche: fue el primero en brindar a su público no  solo un menú musical exquisito, sino además con mucha satisfacción para todos en cuanto a cantidad, pues Miguel después de unas cuatro o cinco canciones ya suficientes para lo que hacían todos los artistas, se “echó” un mosaico de catorce temas que eran locura y que por lógica consecuencia “sollaron” al público que colmó el glorioso estadio de la 72: “La cama de piedra”, “Mi derrota”,  “Que seas feliz”, “El jinete”, “Rogaciano”, “El crucifijo de piedra”, “Los Laureles” y tantas canciones más con acompañamiento del Mariachi Latino con cuyo director vivimos un pasaje. Antes les diré que Miguel hizo un poco después de su actuación acá la grabación de la inmortal pieza de Elpidio Ramírez, “La Malagueña” con la cual ganó un trofeo al mejor intérprete, que mantuvo 30 años hasta cuando un “nueva generación” MANUEL MIJARES se lo arrebató y Miguel al entregarlo dijo: “lo mantuve todo cuanto pude y le gané a los mejores, pero todos los días paren las madres. Ten chamaco y que lo defiendas bien:” Bueno, Mijares lleva ya más de veinte años y no lo ha perdido. Bueno, volvamos al recuerdo. Al terminar el espectáculo, Edgardo de Castro que a la sazón era no solo director artístico sino asistente de Gerencia organizó una atención para Miguel y sus acompañantes y aceptaba sugerencias. Así mientras Montilla y el también difunto Eduardo Rojas que había hecho el remoto hablaban con palabras mayores de clubes y whiskies y orquestas, el falsete de pronto se acercó a mí y me dijo: “órale cuate, dile a tus amigos que si de echarnos una se trata, pos yo lo que quiero es “la chucha” esa que probé esta tarde en la radio. No me quedó más  remedio que decirle a Edgardo: “oye flaco, este vergajo lo que quiere es arrempujarse unos rones blancos”. El director organizó entonces el cuento. Recuerdo que Montilla tenía un Ford 52 color verde y Edgardo un wolkswagen, en el cual no quiso irse Miguel haciendo mil bromas por aquella cucarachita que parecía carrito de maqueta.
Total, Edgardo llevó al representante y al director del mariachi porque el “bollón” del animador prefirió irse al hotel a cuidar su linda voz. Yo, comisionado para conseguir “el gordo lobo”, rumbo al sitio escogido pasamos por la calle 36 carreras 37  y en una tienda me bajé y compré tres litros de aquellas populares botellitas y fuimos a pagar descorche de unas, porque los mexicanos se llevaron en su equipaje el resto. Ya en el establecimiento indicado rodeado por algunas chicas que se volvían miel con el falsete que entre otras cosas estaba todavía con su traje de charro, Miguel Aceves Mejía se echó un trago que de una vez dejó la botellita casi mediada. Pegó un grito, sacó la pistola y entonces comenzó a echar bala, de salva, claro y se “armó el “arguende” como dicen ellos; llegó la policía pero todo quedó en “gracia” porque era nada menos que “the man from  México, MIGUEL ACEVES MEJÍA. Después en las casi dos horas que estuvimos ahí, el director del mariachi se desapareció y cuando volvió no era preciso ser un genio para saber dónde estaba y qué hacía, lo cual no tendría nada digno de traer a cuento sino fuera porque el músico olvidó en el camerino de la hembra unos papeles de importancia y a mí me tocó en los días que siguieron irlos a reclamar, hacer las vueltas y lograr que le llegasen al Distrito Federal. De todos modos formó parte de un recuerdo lindo de uno de los cantantes folclóricos de más acogida. Un tiempo después un par de oyentes facilitaron un 4x4 y uno de sus cortes “Tata Dios” trajo a mi memoria aquella vivencia en que Miguel gritó también a su tierra natal. El sitio se llamaba La Rosita y allí siendo niño Miguel presenció un horrible asesinato, sufriendo un trauma que lo dejó mudo por un tiempo. En su pueblo se hubiera quedado sin voz pero el jefe de la oficina de telégrafos donde trabajaba lo hizo trasladarse al inmenso México meta de tantos y tantos sueños. Se enroló en el elenco de La X como siguen llamando los  mexicanos a la gran emisora XEW hoy también TV Canal de las estrellas y allí sin mayor trascendencia hacía rellenos con boleritos, romanzas y uno que otro vals. Fueron 11 años de dura lucha, peripecias y necesidades y de pronto en Febrero del 48 los artistas de la X hacen huelga y las directivas le dicen a Miguel que podría ser estelar pero en el género ranchero. Aceves aceptó y lo más suave que le dijeron sus compañeros fue “esquirol”; pero él siempre lo negó porque no había roto ninguna huelga y no pertenecía a aquel sindicato, ya que su permanencia en  la X era como eventual. Cuando todo se arregló ya Miguel había gustado con sus versiones de “Carabina 30 30”, “Hay unos ojos”, y una canción perdida que se llamó “La mancha”. Los triunfos se sucedieron seguidos y ante los estilos  vigoroso de Negrete y simpático de Infante, con el arrollador de Tony Aguilar, Aceves entrena y perfecciona un falsete que le había quedado de su percance vocal y lo usa como nadie lo había hecho. Llegó al cine como él mismo decía: “aunque era chaparro y mal encarado” precisamente por la gran aceptación de sus canciones con las que marca una época diferente de la ranchera. Arozomena, un empleómano de los que nunca se sabe el nombre porque como “lambón” siempre gusta de ser llamado por su apellido le contaba a alguien por qué seguía saliendo al aire su programa cuyo protagonista estaba en huelga: “ pues mano porque consiguieron un esquirol llamado Miguel que está trabajando.” De  su actuación en Barranquilla se van a cumplir 54 años. De sus momentos estelares ya solo quedan las grabaciones que hoy están en sitio preferente de la vieja guardia mexicana, pero de su paso por el cancionero latinoamericano estará siempre presente su personalidad, sus luchas y el valor material de la discografía que nos dejó.