Lean
bien por favor: CASEROS y no me vayan a salir que no incluí las inyecciones de
meao de perro, las pastillas de tiza molía, o los ungüentos de tierra con
mentol porque el título habla por sí solo. Ahora parecerá increíble pero en un
tiempo fue cierto y hasta funcionaba algunas veces. Que el bebé tenía hipo? Se
le ponía un hilito, mojao de saliva, en su arrugada frentecita, y santo
remedio. Si ese mismo bebé u otro tenía pujo, eso era porque lo había estado
visitando alguien que acababa de tener coito. El remedio era poner al niño en
el suelo y caminarlo en cruz un par de veces. Que alguien le dolía el oído?
Vuelta al algodón empápelo en leche materna y colóqueselo en la cavidad
auditiva durante un rato. Listo. Para el dolor de cabeza hojas de matarratón
frescas y colocadas bajo un sombrero o gorra. El horrible dolor de muelas sí
que tenía ensayos; pero lo efectivamente comprobado era un algodón ( y dale con
el algodón ) empapado en creosota y colocado en la caries. Daban también algún
resultado el clavito de comer, el ácido fénico,( este cayó en desuso porque
algunas chicas se suicidaron con él ) y la esencia de clavos. Las inflamaciones
de cualquier tipo eran curadas con cataplasmas de muchas plantas - y asómbrense
Uds – hasta de boñiga de vaca. La caspa,
la seborrea y hasta el pelo “cucú” tenían en la corteza del guásimo su
mejor aliado .Otro mal que dio siempre mucho que hacer fue el posterior y
eufemistamente llamado acné juvenil y que en aquel tiempo se le llamaba
simplemente espinillas y no era potestativo de los jóvenes porque había muchos
viejos con la cara como un anón. Eso sí fue sufrimiento de hombres y mujeres
que ensayaron todo desde la masa para las arepas hasta la más sofisticada
crema, hasta cuando empezó a verse algún resultado positivo en –quién lo
creyera- la cera del oído aplicada en las porquerías esas. Finalmente el Dr
Pachito Lugo primer médico homeópata que hubo en Barranquilla en la calle 37
carrera 29, les hizo ver a tanto cabeciduro que esos barros y espinillas no
eran cosa cutánea sino estomacal y empezó a fabricar, recetar y vender la
levadura de cerveza que fue milagrosa. Los malestares estomacales se curaban
con almidón –sí ese de las cometas- polvo disuelto en medio vaso de agua y una
pizca de sal. El limón era milagroso ya que servía para infinidad de cosas
desde cortadas y raspones y magulladuras hasta en irritación en los ojos pasando por mal olor
en las partes púdicas. Cuando se producían comezón o rasquiña en medio de los
dedos, más producto de la pecueca que de cualquier otra cosa, se utilizaba leche de coco y a veces
matarratón molío, tibio y friccionado. Entre paréntesis, no nos digamos
mentiras: a Ud, a mí, a todos cuando éramos pelaos nos gustaba andar descalzo y
si no lo hacíamos por gusto era a la brava porque el veintiúnico parcito de
zapatos había que cuidarlos y el que usaba chancleticas era llamado marica,
cosa que no importaría hoy en los tiempos de Gaviria, pero que en aquel
entonces era horroroso, por lo cual andábamos con las rodillas, tobillos,
talones y demás, heridos y nos los curaban a lo burro, con limón, vinagre,
yodo, y cualquier polvo que se les ocurriera pero que ardía como el carajo.
Había otro remedio para esos casos que llamaban “manito de Dios” y que no era más
que una mezcla de aceite de cocina, alcanfor y azufre. También existía el
insólito procedimiento de aplicar queso frito en las picaduras de insectos, que
según no sólo aplacaban el dolor sino que combatían la posible infección. Había
igualmente cantidad de yerbas, semillas, y hasta trocitos de árboles que
cocidos o rayados, servían para muchas cosas. Las llamadas tomas estaban a la
orden del día: el pitomorreal, el llantén útiles en afecciones auditivas, la manzanilla,
la llamada cola de caballo, el romero para el cuidado del cabello y para
tinturarlo de rubio, y la quina efectivísima para la fiebre. El bicarbonato
para muchísimas cosas, desde la mala digestión hasta el grajo, pasando por la limpieza
de dientes y que llegó al hall de la fama cuando la mismísima Compañía Colgate
Palmolive lo introdujo entre los componentes de sus famosas cremas dentales. Y
qué decir del permanganato sustancia que diluída en agua tibia era un
antiséptico de alto poder cuyos mayores índices de venta estaban entre “las
niñas” que ocupaban piecitas en el barrio Chino. En fin, tantas cosas de las
cuales se obtenía hierro para los anémicos, y calcio para los debiluchos, pero
quiero cerrar con el cicatrizante más berracamente doloroso que hasta aparece
soterrado en un disco famoso. Me refiero al piedralipe que sanaba lo que ningún
otro remedio había podido sanar; pero a qué precio: al precio de un dolor tan
intenso que provocaba correr en lo posible. Tanto que ( y seguro estoy que es
la primera vez que lo oyen ) fue el causante de que el pobre Migue se recluyera
en una montaña pues sucedió que el señor Canales tenía una “ñoma” de burro en
el “ñango” que nada se la curaba hasta que alguien le recomendó piedralipe, se
lo aplicaron y el pobre Migue salió gritando y en carrera limpia para
refugiarse en la montaña prefiriendo convertirse en ermitaño antes que volver a
saber del piedralipe. Rigurosamente cierto, contado por el autor del tema
musical a su primo Julio Oñate y a este servidor. Bueno y ahora Uds denle
rienda suelta a su stock de remedios, pero caseros, nada de Mejoral ni de
Aceite de ricino ni de Leche de Magnesia. Adelante pues.
domingo, 10 de julio de 2016
lunes, 4 de julio de 2016
ELY MÉNDEZ: APARECIÓ TARDE EN LA BILLOS
Desde
los tiempos de Miguelito Briceño y Rafa Galindo hasta los de Felipe Pirela y
José Luis Rodríguez, el nombre de Billo Frómeta se hizo respetar en su
condición de forjador de figuras unida a sus otros muchos méritos. No obstante
después de la desvinculación de José Luis las cosas ya no fueron como antes.
Entre aquel 67 y aquel 69 después de vanos intentos con Humberto Zárraga, Araque
y hasta Nelson Henríquez, Billo que nunca fue partidario de repetir cantantes
tuvo que entrar por la vela de sebo de permitir la tercera llegada a su
orquesta del “Trovador” Galindo y cumpliéndose lo de repeticiones no buenas,
porque el trovador no pudo reafirmar su clase de los años 50s. Así pues en
Diciembre del 71 los grandes almacenes exhibían debidamente empacado para
regalo, un álbum musical cuya original carátula era un atractivo calendario
para 1972 en el que se recomendaba para Enero aquel “Viejo chévere” que añoraba
pasados tiempos. Y para cerrar semestre nos anotaba en la parte correspondiente
a Junio un tema con el que se aspiraba superar el éxito de “Mi Cali bella”,
dedicándole una canción a la hermosa capital de la Montaña. Y cuando uno buscaba
en la contracarátula mayor información sobre los números musicales, allí a
mitad de la misma, una foto muy oscura en la que o no aparecía el debutante en
aquel prensaje que hizo Discos Bambuco de Bogotá, o no se distinguía .Sólo se
podía leer una nota cortica, simplona, a mi juicio muy pobre para presentar un
nuevo cantante cuyo texto se limitaba a: “ Billos Caracas Boys les trae una
nueva voz: ELY MÉNDEZ. Por favor pongan atención a sus interpretaciones: voz
fresca, joven, matizada y potente. Billo no se equivoca en esto. Acuérdense de
Pirela y José Luis. Saludos Ely, bienvenido” .Eso era todo, y dos intervenciones
del muchacho cantante: “Por qué” un bolero de Román Martínez y su partecita del
mosaico 29 en la que cantó “Nocturnal” de Sabre Marroquín; pero el hombre
tenía. Vaya si tenía! A pesar de esa letra boba del bolero de Martínez: “ por
qué al amanecer/ veo brillar el sol / por qué al anochecer/ la luna veo
mejor/”…el cantante lograba lucirse y se podía notar que podía “quiñar” con
José Luis y con Pirela inclusive con alguna ventaja, apreciación que confirmaba
Ely cantando esa difícil página de Sabre M. “ A través de las palmas/ que
duermen tranquilas/ la luna de plata se arrulla/ en el maaaar tropical/….
Efectivamente se estaba ante un magnífico vocalista, pero…había un gran pero:
el bolero se estaba muriendo; más aún: era un enfermo en estado de coma hacía
buen tiempo y su vida artificial era por facultativos como Billo que no daban
su brazo a torcer con el concurso de “galenos” jóvenes como Ely Méndez en
esfuerzos sobrehumanos por salvarlo de lo inevitable; pero Méndez no iba a poder salvarlo y los
pronósticos pesimistas ya no encontraban más que el suspiro de resignación de
sus deudos más queridos; pero tampoco fue que la demora de Ely causó aquella
debalcle porque si bien es cierto que aquella pobre nota de presentación decía
que “Billo no se equivocaba, en el caso de Méndez sí se equivocó algunas
tácticas. Por ejemplo: el debut de Pirela fue con un par de canciones viejas
exitosas con perfume de añoranza en sus textos: “Para qué recordar” y “Por la
vuelta”, y aunque el ambiente era propicio Billo no hizo ensayos con nuevas
canciones. Igual sucedió con José Luis Rodríguez que debutó con dos viejos y
exitosos temas. A Méndez en cambio se le lanzó con algo desconocido de Román
Martínez cuya letra no era para triunfar nadie y se le dio la segunda
participación en el volumen con una canción difícil casi lírica que pudo
haberse cambiado por otra más acorde con el estilo del bolerista Méndez.
Después siguió igual la cosa y se metió a Ely en unas honduras como las de
“Ahora que soy libre”, que tenía un antecedente muy brillante en balada y con
la canción “ Por qué ahora” hermosa, pero que tenía dos o tres competencias
modernas muy difíciles de superar. Al año de actuaciones sin que pasara nada
con él en la Billos aparece en el LP Billo 72 y medio y en forma inexplicable
sale cantando “Qué haré” como una desesperada exclamación, una canción tan
desconocida como su autor puesto que hubo que imprimir en etiqueta D.R.A. En
ese volumen su parte en el mosaico 31 fue “Viajera” la eterna canción de Luis
Arcaraz a la que después de su autor e intérprete del 51, nadie quería
medírsele porque sabían que era imposible superar la versión de Arcaraz con su
orquesta. Pero los mosaicos eran cosas aparte y tal vez eso fue lo único que
justificó “la chamba” de Ely en la organización ya que aparte del bajón del
bolero la gente gustaba de rendirle tributo en esos ritos rítmicos que eran los
mosaicos de la Billos. El tiempo pasó, y 10 años más tarde Méndez se mete al
ritmo tropical interpretando “El pasito tun tun” y un fabuloso arreglo que hizo
Billo al viejo merengue de Baltodano “Embrujo”. Y así ocurrieron cosas que
quedan para una próxima entrega porque
Méndez continuó llegando tarde como cuando ya muerto Billo quiso hacer él solo,
sin patrón ni nada, la continuación de la Billos Caracas Boys y le salió al
paso Amable con sus cabezones que le armó la grande mientras tanto Voces de
Billo Hoy lo supo hacer mejor y los arrinconó a ambos. Pero sí, ya termino. Una
pa’ Ely: tiene el record de permanencia en una orquesta porque ahí está bien o
mal, no sé, pero está, y lleva la pendejadita de 42 años de antigüedad con el
rótulo Billos, aunque repito al menos en Colombia lo barrieron los chicos de
Voces de Billo Hoy.
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martes, 28 de junio de 2016
LAS RARAS FRUTAS DE NUESTRA INFANCIA
No dejó de causarme asombro que los
niños, y hasta adultos de hoy, no saquen el mismo provecho de las frutas que en
tiempos pasados. Y esto se debe a que el niño de ahora come mucha golosina(
caramelos, bolitas, chitos, manimotos, helados, chichas etc).Y esto a su vez
pasa porque muchas frutas han desaparecido, otras se vuelven dizque jugos y
poquísima gente se come en el verdadero sentido del verbo, una fruta, excepción
de uno que otro mango de puerco, de hilaza o de otra baja calidad. Ya los
zapotes y los nísperos son artículos que transformados en “refrescos” venden en
puestos especializados y a precio prohibitivo. También se dan el lujo de
“importar” vainas como el tal borojó del Valle, y que en el pasado nadie
conoció. Ni falta que hacía, como cuando nos quisieron meter por supositorio
las brevas y los icacos bogotanos, paliduchos y que no sabían a ná. Sí. Por ahí
ve Ud aguacates, pero ya es cosa más de supermercado y los venden por libras,
lo mismo que la patilla y el melón, y cobran un cojonal por uno de ellos, o de
piña y uno muerto de las ganas de comerse una torrejita. Y ponen nombres raros
como a los mangos que llaman “filipinos”; no sé quién carajo va a entrarle a
ese cuento. Naranja y toronja caen en la misma bolsa y materia de las
carretillas quedan las ciruelas cuando las hay y caras como el carajo en
relación con tiempos idos que cobraban cuatro y daban una docena. En cambio
dígame Ud si encuentra martillo, camajourú o pomarrosa en alguna parte? Ah, las
frutas de nuestras infancias! Se zampaba
uno un mango de chancleta o huevo e’ toro y quedaba listo. Hoy muchos de Uds ni
conocen el mango de chancleta, y menos el otro. El martillo, una especie de
regadera de mínimo 20 cms de diámetro con muchas celdillas que cubrían unas
fruticas sabrosas fáciles de sacar y de comer, pues no había que asar, como las
del marañón, o el camajourú ya que eran una variedad exquisitas de almendras
diferentes a las del parque que llevaba su nombre. Éstas, las del parque, en un
comienzo se les devoraba la pulpa y luego la “pepa pelá” .Se partía, se sacaba
una especie de coquito que llevaba adentro y que resultó siendo más sabroso que
la propia fruta. Volviendo a las del camajourú porque los veo todavía tirando
cabeza, era producto de una planta indígena que daba una especie de bolsitas
dentro de las cuales había semillas ovaladas lisas y negritas, que partieron
más de un diente, porque había que ablandarlas al fuego. Ahora cuénteme del
mamey, primo hermano del zapote pero de carne amarillenta y sabor más bien
ácido. Acaso lo consigue hoy Ud por alguna parte? La cañandonga y la guamas
sendas réplicas de espadas cortas, una negra y morada( dos especies ) y la otra
color tierra , pero mientras las primeras eran gran fuente de proteínas ( con
ella se fabricó el “Minevitan”) la guama contenía unas pepas algodonosas con
pelitos, blanduzcas e insípidas que se metía uno en la boca y ya quedaba
limpiecita; de ahí el dicho para el que no tenía plata: “más pelao que pepa de
guama”. Ah, también el caimito, esfera morado oscuro casi del tamaño de una
naranja que al partirse mostraba enseguida su pulpa púrpura y deliciosa. Las
uvas ( parra, playa y moscatel) que no tenían nada que ver con las importadas
que ahora se comen como agüero de año nuevo. Aquellas eran materia prima de
famosos vinos y hasta de whiskys, notándose que todavía alguna gente llama al
“Old Parr” con el absurdo y sin gracia nombre de “viejo Parra”, cuando la
traducción del whiskey hace referencia es a los viejos parrales de la hoy
renegada Inglaterra. Claro, muy distintos, pero parras también. Las nuestras no
tenían problema para los pelaos que las cogían de los palos y ahí mismo les
daban muela cortando con sus dientes de leche la suave piel morado azuloso y
gozando el placer de su exquisito sabor. Y tampoco da fe de las peritas de
patio? Unas fruticas con su forma de peras en miniaturas pero de color rosado
“jipato”, cuyo sabor tampoco era la gran vaina, pero se adquirían sin trabajo y
se comían fácilmente. Y así el anón, la
guinda que igual se comía verde o madura, lo que hacía creer que eran dos
clases, pero no, era la misma, la grosella , con un sabor agrio muy parecido,
la pitahaya y la granada que dependían de sus semillitas pues no tenían pulpa
abundante ni sabrosa y que muchos tal vez por ello dieron en llamar granadilla.
El mamón, conseguible todavía en cosecha y eso con dificultad. El coco, común
todavía, en agua, que ya llegaron a lo químico de la gaseosa, y fruta siempre camellada, que
antaño se aprovechaba también en su pulpa viche o seca, los carruzos de caña, y
tal vez otras pero ya está muy largo el asunto. Queremos remachar el punto
final es indicándoles que TODAS estas frutas citadas se podían conseguir en
cualquier patio de casa y hasta en las puertas y esquinas de las mismas. Y tal
vez los mismos pelaos de entonces contribuyeron a su lenta extinción porque
levantaban a piedra a los palos y los vecinos se fueron absteniendo de cultivar
árboles frutales. Un dulce recuerdo para todos los amigos.
miércoles, 22 de junio de 2016
RESPUESTA A UNA VIEJA CARTA
…
en cambio yo considero que debes
sentirte feliz por todas las cosas buenas que puedes disfrutar en ese país
donde vives, minimizando la nostalgia del terruño y el recuerdo de los tiempos
en que todo era mejor. A tí te cabe aquello de: “ ojos que no ven…” porque tu
corazón sufriría mucho más al poder
apreciar en lo que han quedado tantos recuerdos, tradiciones y lugares comunes.
Y no es que quiera despotricar de la actualidad, sagrada para todos a quienes
les pertenece, sino que me disgusta al compararla con lo que acontecía en aquellos tiempos. Y
para qué te cuento las “cabreadas” que me pego a diario por distintos motivos
.Para muestra: la hija menor de un vecino, una pelaíta de sólo doce años, no
quiere ir a hacer un mandao, y eso que la tienda le queda a unos cuantos metros.
La hermana mayor se enojó y hubo pelotera generalizada. Te acuerdas cuando
nosotros éramos pelaos? Los mandaos eran una obligación seria en lo que a
aceptarla y cumplirla se refería, y había que levantarse a las cinco de la
mañana a buscar la leche de potrero donde la señora gorda aquella que tenía una
vaca de patio llamada “ Mariposa”, entonces no había la ganga de comprar leche
refrigerada en las horas de la noche ni el pan con auto servicio, por lo cual
uno tenía que estar en pie con las gallinas y con los soldados del Batallón La
Popa porque había también que ir a buscar las arepas donde la niña Eladia o los
bollos limpios donde la “Mona” Pernett. Y
ni domingos ni feriados descansaba uno porque esos días era peor: el
papá o el hermano mayor estaban “enguayabados” y se les antojaba chuleticas o
huevos con tocino y había que arrempujársela a pie hasta la matanza clandestina
del tuerto Bornacelly, mucho antes que el negro Adán fuera líder del negocio; y
todo era lejos, oíste, porque en la tienda del viejo Custodio, que nos quedaba
más cerca, lo que vendían era guayaba del palo de la casa, arropilla y
guarapito del colorao. Y no es que uno no se cabreara, porque íbamos
corriéndole la madre a la vida y renegando de la condenada suerte, pero nadie
se atrevía a decir que no. La disciplina hogareña de aquellos tiempos no lo
admitía y eso fue una especie de servicio militar que nos hizo adquirir la
dosis de resignación necesaria ante tanta estupidez como la que tendríamos que
ver después. Ejemplo: la del deportivo de la televisión que en un evento
celebrado en Acapulco, en el estadio había una banderola que decía GUERRERO y
el tipo con cara de bobo preguntaba cada rato: “ quién será ese señor ah,” .Bueno
él diría que las estrellas de T.V. sobre todo
las deportivas no tienen por qué
saber que Acapulco queda precisamente en el Estado de Guerrero, México. Los
pantalones cortos, realmente me sorprende, porque en el país donde tú vives
hace mucho nos mandaron junto con otra sarta de vainas esa que no es más que
calzoncillos , sólo que en distinta tela, con franjas a los costados o leyendas
en el poto y que hace ya mucho tiempo lucen montones de piernipeludos o
tolillos pelaos por ahí. Es que ahora la vaina es al revés porque mi
bisnietecito que solo tiene dos años, ni de vainas que quiera salir en
calzoncillos, mientras que un vicario otra vez les digo que “cucho” es cachaco,
que tiene las piernas como el “curvo” Harris ( te acuerdas, aquel primera base
panameño que trajo el ARMCO )anda siempre mostrando los palos de escoba que
tiene por extremidades. Me dices también que me escribes a mano y que mi
respuesta sea igual, recordándome un detalle emotivo: que todavía conservas
aquella carta que le hice a Clarita y que cometí la maricada de mandarla
contigo, midiendo tú uno con ochenta y yo uno
con sesenta y cinco; eso sí ignorando que tú estabas tragado de ella;
pero me acuerdo también que te jodiste porque Clarita que no le gustaba el
basquetball aceptó fue al pequeñín de “Ñaño” Sánchez que era pelotero. El caso
es que nadie hoy escribe a mano hombre, casi que ni a máquina, el computador ha
acabado con todo eso y por ahí muy de vez en cuando se recibe la carta
mecanografiada de un abogado que recuerda que alguien no ha pagado las dos
últimas cuotas de cualquier vaina, o la
de la casera diciendo que “el pago es adelantado y a fecha 3, todavía no se ha cancelado el
mes en curso”. En ese aspecto sí me he contagiado con lo moderno porque no
escribo nada a mano desde que el Banco me canceló la cuenta por bajo promedio y
lo único que yo hacía manuscrito eran cheques generalmente posdatados. También
pides que recordemos nuestra época de bancarios. Cómo olvidarla, si esos
“cobradiario” disimulados y con nombres elegantes, cada vez están peores en
servicios y cobran hasta la mirada a los cajeros(as) malucos que tienen
.Igualito a entonces cuando en nuestro Banco trabajaron una candidata a
señorita Atlántico, una ex reina del Carnaval y una Reina del Mar .Y los
programas de radio? Vaya si es emocionante recordarlos. El que mencionas y
también “CONTRAESPIONAJE” que fue primero que “EL CAPITÁN SILVER” y muy
anterior a “OJO DE ÁGUILA”. Finalmente, eso de “la radio actual ya que formas
parte de ella” no lo puedo contestar por razones comprensibles .En otra ocasión
te escribiré sobre eso porque recuerda que no me gusta escribir a mano y ya es
tiempo de terminar. Y en cuanto a que antes había más madurez…seguro! Hoy somos
tan maduros que no nos dejamos llevar por pendejadas como coleccionar tapas o
envases a ver si conseguimos el carro que no hemos logrado tener camellando.
Maricadas esas. Bueno hermano te dejo porque uno de mis nietos adolescentes
entró muy contento .Con suerte es que le salió la otra mitad del micro ondas,
porque la otra parte me salió a mí la semana pasada.
Afectísimo
amigo.
jueves, 16 de junio de 2016
…Y ERA EN VERDAD FELIPE PIRELA
Era realmente el que llegaría a ser llamado “el bolerista de América” y si lo era qué hacía en
Barranquilla aquella mañana y en una tienda de media cuchara en el Barrio San
Roque? Ni siquiera pudimos preguntárselo
ya que lo que menos podría interesarnos era lo que el cantante hiciese o dejase
de hacer en su vida privada. Ere el domingo 18 de Marzo de 1962.Todavía en
aquel año nos quedaba algo de la impresión absurda que el tiempo corría más
lento y por lo tanto el puente nos parecía más prolongado. Sí, porque aunque en
aquellos tiempos no existían todavía los acomodaticios puentes gubernamentales,
cuando el feriado caía en lunes, sin trampa, se le llamaba también “puente” o
fin de semana largo. Muy temprano nos encontramos con los locutores Alberto
Navarro y David Cermeño Martínez con quienes después de misa enrumbamos
Hospital abajo hasta llegar a la calle San Roque (31) que ya dije que no iba
mencionar más calles por los viejos nombres. Cruzando a la derecha llegamos a la
cra 32 para luego otro cruce y llegar a la 30, en cuya esquina Sur Oriental,
una tienda llamada “La Cátedra”, nos instalamos. Cuando apenas los feligreses
de la Misa de 8 regresaban, ya nosotros teníamos cada uno su “fría” en la mano
y varios discos programados. Para entonces Felipe Pirela había metido en el
mercado nacional unos dos o tres volúmenes entre los cuales gustaba mucho un
bolero de Adolfo Salas titulado “Pobre del Pobre”; sin embargo como ya quedó
dicho nosotros no habíamos ido a escuchar a Pirela sino a darnos gusto con La
Sonora, Los Panchos, Matamoros, y Olimpo Cárdenas según las preferencias de
cada quien. Hay que tener en cuenta que en esa mañana Pirela no era un ídolo
todavía y los temas de Cortijo y Tito Rodríguez no le dejaban mucho radio de
acción. Cuando se tienen menos de 28 años uno puede hacer cualquier barbaridad
con el organismo como meter cervezas, almorzar con un pedazo de salchichón
viejo y comer una tajada de queso nadando en jugo de limón, un sabor horrible
pero que entonces nos sabía a Gloria. Los dos mosaicos que conocíamos de la
nueva Billos nos gustaban en las versiones que Felipe hacía de “preciosa niña
quisiera como en los cuentos de hadas” o de aquella otra “ si pensaba en tí
para mí no era vida”… pero si podíamos escucharlas en sus versiones originales
con La Casino de La Playa, no tenía caso preferir al venezolano pues ya he
dicho dos veces que habíamos ido a escuchar MÚSICA VIEJA. La verdad es que
ninguno pensaba en eso cuando por ahí a las 11 de la mañana Cermeño le dijo al
tendero que le prestara el baño. El tipo le señaló el rincón donde una cortina
sucia tapaba algo, pero resulta que al colega le había apremiado una necesidad
que requería algo más que lo que tapaba aquella cortina sucia. Como el cliente
manda, a regañadientes y todo, el hombre levantó la aldaba abrió la portezuela
y David pasó casi corriendo hacia el interior de la casa. Cuando regresó vino
con un vacilón raro: “ eche, allá hay un tipo igualito a Felipe Pirela”
.Nosotros no le paramos bola porque en domingo, víspera de feriado, oyendo
buena música y “candeleao”como decía el “Mono Rojas” ninguna importancia le
hallábamos a que un cristiano se pareciese a alguien, que en fin de cuentas un
d.. se parece a otro; sin embargo cuando a eso de una de la tarde yo pedía un
poco de picante para sazonar el suculento almuerzo de salchichón con galletas
de soda, el tendero habló algo al interior y un tipo se acercó con el frasquito
de Tobasco. Cuando abrió la cortina yo vi al muchacho sentado en una especie de
mecedora y que estaba en aquel momento leyendo un periódico. El asombroso
parecido con el cantante de la Billo era notorio y yo todavía no sé por qué,
pero lógicamente “mamando gallo” le grité: “Hey tú Felipe Pirela, ven acá”.
Desde luego yo no esperaba que el tipo fuese Felipe sino alguien muy parecido y
lo pensaba vacilar cuando se acercara, cosa de la que no hizo ningún ademán,
repitiendo yo mi llamado y entonces sí se acercó al mostrador. Cuando me dijo:
“Qüibo vale, mucho gusto.” Yo pensaba que me había salido General y que el
vacilado iba a ser yo, pero no: para mi asombro ERA FELIPE PIRELA que me tendía
su mano y unos instantes después yo pedía una cerveza para Felipe. La aceptó y
charlamos el tiempo que duró en ingerirla. Nos ayudó mucho eso sí, el ser locutores
y poderle hablar de sus discos, de los antecedentes de sus piezas, de su
acogida en esta ciudad y para sorpresa nuestra, él no sabía todavía todo el
alcance de su popularidad en Barranquilla. Era un muchacho humilde, casi tímido
que en el poco rato que nos acompañó nos dijo más de dos veces que “era un
placer departir con gente de la radio acá”. Cuando puso la botella sobre el
mostrador detrás del cual no salió en ningún momento, le brindamos otra pero la
rechazó amablemente explicando que tenía que salir porque andaba en unas
diligencias personales aprovechando aquel puente y que iba con un amigo y
compatriota residente allí a “hacer unos encargos”. Después al enterarnos que
en el interior de aquella tienda habían piezas de alquiler supusimos que ahí
vivía un venezolano a quien el cantante visitó. Lo importante fue que lo vimos,
que charlamos con él y que compartimos una cerveza, y si le dijese que entonces
no le dimos toda la importancia, Ud debe entender que la rutilante carrera de
Felipe comenzaba, y que si dos años después era un astro, aquella mañana era
solo un muchacho venezolano cuya aparición allí no nos pareció tan misteriosa
como nos pareció después toda una vida. Misteriosas y gratas como en realidad
fueron siempre las cosas del gran artista a quien quisimos recordar con motivo
de cumplirse el próximo 2 de Julio 44 años de su muerte y porque recordamos que
Saul y Ernesto tienen en Voces de Billo hoy, un cantante, Jorge Velásquez, a
quien llaman “la resurrección de Pirela”, quien con su voz y estilo mantiene
todavía tantos pasajes vividos propiciados por el artista venezolano y que la
magnífica orquesta al acompañarlo, hace que volvamos a estar como en aquella
lejana mañana del 62, pidiendo una cerveza para Felipe.
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lunes, 13 de junio de 2016
EL PRIMER CACHACO TRIUNFADOR EN EL VALLENATO
Mejor sería decir que fue el primer rey
vallenato cachaco aunque no recibió título oficial ni ciñó corona alguna porque
eso entonces no era ni sueño; pero si reinar es ejercer dominio sobre las masas
y establecer records de venta de la mercancía que parecía ser potestativa del
Magdalena pa’entro, entonces sí que lo fue. Porque vender un solo artista el
10% del total de discos de un país es más que una hazaña. En aquel 50 era más
fácil la contabilización del producto porque solo se vendían discos de 78.
Además en aquellos tiempos no había posibilidad de elección y el comprador
adquiría el producto solo cuando era excepcionalmente bueno, si no, se abstenía
de comprarlo. Ahora qué tal vender uno de cada tres discos producidos en
Colombia? Pues todo eso lo logró un hombre, un artista colombiano, JULIO TORRES
MAYORGA al frente de un conjunto, Los Alegres Vallenatos, que no sólo estuvo en
los cancioneros de entonces sino que logró “tapa” en una publicación tan famosa
como SEMANA que se ocupó de ellos el Sábado 30 de Diciembre de 1950 que aparte
de la portada comentaban que “el disco más tocado del fin de año era un sello
Vergara “Los Camarones” con respaldo de “El aguacero”. La voz de tenor que los
canta y la guitarra son de Julio Torres M. su autor”. Pero la
revista no podía prever que aquello iría más lejos convirtiéndolo en el
futuro en episodio histórico de una modalidad musical que iba a dar mucho de
qué hablar. Quienes vivieron el vallenato posterior y se hacían lenguas de su
difusión y ventas no vivieron seguro aquellos tiempos ya que quien haya estado metido
toda la vida en el asunto, debe saber que rebulicio mayor ya se había
presentado y por ello Julio Torres es el más importante ejemplo. Porque no fue
hazaña que algunos costeños pusieran a bailar el vallenato a un buen número de
cachacos. Hazaña fue que un conjunto cachaco hubiera hecho bailar a la costa y
resto del país, vallenato hecho por cachacos. Eso fue lo que hizo Torres en
unos pocos meses y aumenta de méritos cuando se analiza que el inmortal
Guillermo Buitrago no tenía un año de
muerto y sus discos seguían pegando en todas partes. Julio Torres tenía
20 años cuando un jilguero celestial se posó en la Sierra Nevada buscando a
Guillermo Buitrago para llevárselo como solista para ir a cantarle al gran
Dios. El muchacho tenía inclinaciones musicales pues su padre y homónimo el
viejo Julio, además de pianista había hecho teatro y fue maestro de Sofía
Álvarez la primera gran vedette colombiana que se consagró en el cine mexicano.
Tenía también un hermano, Carlos, artistazo en México primero locutando y luego
cantando, para después venir de paso a
Barranquilla y triunfar con la gran orquesta del maestro Pacho Galán del que ha sido su más grande intérprete en la
época dorada del merecumbé. Julio no podía hacer quedar mal a la familia y se
le ocurrió la pendejadita de ser el sucesor de Buitrago. Ni para qué decir lo
que se rieron de él. Pero lo logró. Cuando la muerte de Buitrago primero y el
destierro de Bovea después, dejaron el título vacante fue entonces cuando el
cachaco ganó ante el asombro de todos, que no tuvieron más que decir:”el Rey ha
muerto, viva el Rey” .Le costó mucho trabajo, obviamente y porque además él
hizo un tema titulado “Los camarones” en el que utiliza parte del estribillo de
una anónima copla tolimense: “ Camarón
de mi vida los chirriquitico, zambullidores que andan por debajo del agua”.
Pero aunque quisieron no la pudieron descalificar porque él la compuso
realmente inspirado en el apretujamiento de un bus bogotano que lo lanzó contra
un señor que iba leyendo los titulares del triunfo de Miriam Sojo la
barranquillera reina de belleza del 49: “camarón salió/ allá en Cartagena/ a
ver a la bella /Miriam Sojo ( que es la reina).Pero Julio no estaba contento
pues sabía que debía dar un golpe mejor y una noche vino el éxito. Julio fumaba
escondido porque su abuela Berenice no lo dejaba, y esa noche se quedó sin
cigarrillos y sin chance de pedirle a la abuela, decidió salir a buscarlos. Era
Octubre y al regreso se mandó el aguacero .Julio tocaba duro la puerta pero el
ruido de los truenos y el sueño pesado de la
abuela impedía que le abrieran. Y ahí mismo, porque artista es artista,
salió la canción que le dio el campeonato: “el aguacero que me está cayendo/
negrita linda ya me tiene loco/ con este frío que me está matando y el
aguardiente queda ya muy poco.” Para entonces Julio Torres Mayorga, ni siquiera
conocía el mar, y sin embargo se convirtió en el cantor por excelencia, de esos
ritmos para lo que empleaba además de la temática acostumbrada, y copiando algo
de Buitrago que lo había hecho tres años antes de aquel momento, y 40
anteriores al samario Carlos Vives, bongó, trompeta, clarinete, güiro, bajo,
percusión y flauta, acompañado por los hermanos Morales Hommo y Custodio, José
Mejía, Jorge Rojas, y Eliseo Márquez. En la foto que ilustra este trabajo
Torres es el cuarto de derecha a izquierda, con su guitarra, al lado del fuelle.
Después defendió brillantemente el título grabando “Me voy a Plato”, “ Mi
canoa”, “ La colegiala”, “ Tu carta”, “El sancocho”, “La totuma” y otros, temas
todos de su inspiración paseándose exitosamente por el país con su reciente
éxito “Pomponio” interpretando los temas de Guillo Buitrago por quien siempre
sintió adoración e imponiendo aquel merengue inolvidable: “Mi aguinaldo”.
Finalmente la grandeza de Torres es tal que le devuelve al acordeón su
importancia desplazado por el Rey Buitrago y por Bovea excelentes punteros de
guitarras, inimitables. Cosa que habían intentado sin éxito muchos nombres ilustres. Se dirá que lo hizo porque Buitrago
había muerto y Bovea había dejado el país; pero…por qué no otro sino
precisamente él? Porque Julio Torres entendió que lo de menos es con qué se
toque sino lo que se toque, y de tal suerte él no se limitó a seguir letras
sino que hizo sus canciones, llevó el comando con la guitarra y supo instruir a
su fuelle Jorge Rojas para triunfar donde otros quedaron tendidos. Los hombres
pasan pero sus realizaciones a veces los convierten en leyendas eternas como el
misterioso, casi macabro caso de Julio Torres que solo duró un año triunfando y
cuando recibió el trofeo, decidió irse a Cartagena a conocerla y a ver por vez
primera el mar que tanto amó, el agua a la que tantas veces cantó. Un absurdo
accidente, un estúpido resbalón en cubierta, y el mar se lo llevó para siempre.
Aunque solo fuera por eso Julio Torres es un artista inmortal.
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jueves, 9 de junio de 2016
MIGUEL ACEVES MEJÍA ANTES DE SER FALSETE DE ORO LA ROSITA(CHICHUACHA) 1915-MÉXICO D.F. 2006.
Ya
era llamado así cuando aquella lejana tarde de Junio del 62 mi compañero de
entonces el hoy finado Fernando Montilla, mencionaba contrariado por Emisoras
Unidas: “no llegó el falsete de oro”. Miguel no pudo abordar aquel avión
dejándonos con los crespos hechos y obligándonos a madrugar para irlo a esperar
de nuevo el siguiente día. Ya aquí, en la oficina de Dirección se comentaba
sobre la fortaleza del tequila. Montilla les decía que no le veía la cara a un
ron nuestro que era tan teso que entre otros nombres tenía el de “ron trompá”.
Miguel quiso probarlo y a fe que lo paladeó dejándonos con la duda porque no lo
descalificó pero tampoco ponderó las supuestas calidades que le atribuían los
que íbamos a transmitir su espectáculo. Y digo “transmitir” porque eso fue lo
que hicimos aquella noche Edgardo de Castro, Felo y yo, pues Miguel trajo su
presentador de cabecera y nunca mejor empleado el término porque era que
cabeceaba aquel mexicano cuyo nombre en verdad no supe nunca, y que parecía ser
él la estrella tal era la vitrina que se daba. El Estadio Municipal fue escenario
de lo que hizo Aceves esa noche: fue el primero en brindar a su público no solo un menú musical exquisito, sino además
con mucha satisfacción para todos en cuanto a cantidad, pues Miguel después de
unas cuatro o cinco canciones ya suficientes para lo que hacían todos los
artistas, se “echó” un mosaico de catorce temas que eran locura y que por
lógica consecuencia “sollaron” al público que colmó el glorioso estadio de la
72: “La cama de piedra”, “Mi derrota”, “Que
seas feliz”, “El jinete”, “Rogaciano”, “El crucifijo de piedra”, “Los Laureles”
y tantas canciones más con acompañamiento del Mariachi Latino con cuyo director
vivimos un pasaje. Antes les diré que Miguel hizo un poco después de su
actuación acá la grabación de la inmortal pieza de Elpidio Ramírez, “La
Malagueña” con la cual ganó un trofeo al mejor intérprete, que mantuvo 30 años
hasta cuando un “nueva generación” MANUEL MIJARES se lo arrebató y Miguel al
entregarlo dijo: “lo mantuve todo cuanto pude y le gané a los mejores, pero
todos los días paren las madres. Ten chamaco y que lo defiendas bien:” Bueno,
Mijares lleva ya más de veinte años y no lo ha perdido. Bueno, volvamos al
recuerdo. Al terminar el espectáculo, Edgardo de Castro que a la sazón era no
solo director artístico sino asistente de Gerencia organizó una atención para
Miguel y sus acompañantes y aceptaba sugerencias. Así mientras Montilla y el
también difunto Eduardo Rojas que había hecho el remoto hablaban con palabras
mayores de clubes y whiskies y orquestas, el falsete de pronto se acercó a mí y
me dijo: “órale cuate, dile a tus amigos que si de echarnos una se trata, pos
yo lo que quiero es “la chucha” esa que probé esta tarde en la radio. No me
quedó más remedio que decirle a Edgardo:
“oye flaco, este vergajo lo que quiere es arrempujarse unos rones blancos”. El
director organizó entonces el cuento. Recuerdo que Montilla tenía un Ford 52
color verde y Edgardo un wolkswagen, en el cual no quiso irse Miguel haciendo
mil bromas por aquella cucarachita que parecía carrito de maqueta.
Total,
Edgardo llevó al representante y al director del mariachi porque el “bollón”
del animador prefirió irse al hotel a cuidar su linda voz. Yo, comisionado para
conseguir “el gordo lobo”, rumbo al sitio escogido pasamos por la calle 36
carreras 37 y en una tienda me bajé y
compré tres litros de aquellas populares botellitas y fuimos a pagar descorche
de unas, porque los mexicanos se llevaron en su equipaje el resto. Ya en el
establecimiento indicado rodeado por algunas chicas que se volvían miel con el
falsete que entre otras cosas estaba todavía con su traje de charro, Miguel
Aceves Mejía se echó un trago que de una vez dejó la botellita casi mediada.
Pegó un grito, sacó la pistola y entonces comenzó a echar bala, de salva, claro
y se “armó el “arguende” como dicen ellos; llegó la policía pero todo quedó en
“gracia” porque era nada menos que “the man from México, MIGUEL ACEVES MEJÍA. Después en las
casi dos horas que estuvimos ahí, el director del mariachi se desapareció y
cuando volvió no era preciso ser un genio para saber dónde estaba y qué hacía,
lo cual no tendría nada digno de traer a cuento sino fuera porque el músico
olvidó en el camerino de la hembra unos papeles de importancia y a mí me tocó
en los días que siguieron irlos a reclamar, hacer las vueltas y lograr que le
llegasen al Distrito Federal. De todos modos formó parte de un recuerdo lindo
de uno de los cantantes folclóricos de más acogida. Un tiempo después un par de
oyentes facilitaron un 4x4 y uno de sus cortes “Tata Dios” trajo a mi memoria
aquella vivencia en que Miguel gritó también a su tierra natal. El sitio se
llamaba La Rosita y allí siendo niño Miguel presenció un horrible asesinato,
sufriendo un trauma que lo dejó mudo por un tiempo. En su pueblo se hubiera
quedado sin voz pero el jefe de la oficina de telégrafos donde trabajaba lo
hizo trasladarse al inmenso México meta de tantos y tantos sueños. Se enroló en
el elenco de La X como siguen llamando los
mexicanos a la gran emisora XEW hoy también TV Canal de las estrellas y
allí sin mayor trascendencia hacía rellenos con boleritos, romanzas y uno que
otro vals. Fueron 11 años de dura lucha, peripecias y necesidades y de pronto
en Febrero del 48 los artistas de la X hacen huelga y las directivas le dicen a
Miguel que podría ser estelar pero en el género ranchero. Aceves aceptó y lo
más suave que le dijeron sus compañeros fue “esquirol”; pero él siempre lo negó
porque no había roto ninguna huelga y no pertenecía a aquel sindicato, ya que
su permanencia en la X era como eventual.
Cuando todo se arregló ya Miguel había gustado con sus versiones de “Carabina 30
30”, “Hay unos ojos”, y una canción perdida que se llamó “La mancha”. Los
triunfos se sucedieron seguidos y ante los estilos vigoroso de Negrete y simpático de Infante,
con el arrollador de Tony Aguilar, Aceves entrena y perfecciona un falsete que
le había quedado de su percance vocal y lo usa como nadie lo había hecho. Llegó
al cine como él mismo decía: “aunque era chaparro y mal encarado” precisamente
por la gran aceptación de sus canciones con las que marca una época diferente
de la ranchera. Arozomena, un empleómano de los que nunca se sabe el nombre
porque como “lambón” siempre gusta de ser llamado por su apellido le contaba a
alguien por qué seguía saliendo al aire su programa cuyo protagonista estaba en
huelga: “ pues mano porque consiguieron un esquirol llamado Miguel que está
trabajando.” De su actuación en
Barranquilla se van a cumplir 54 años. De sus momentos estelares ya solo quedan
las grabaciones que hoy están en sitio preferente de la vieja guardia mexicana,
pero de su paso por el cancionero latinoamericano estará siempre presente su
personalidad, sus luchas y el valor material de la discografía que nos dejó.
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